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Rafael Encarnación: el grande de la bachata

3 octubre 2025

El enigma de su legado Antes de hablar de su ascenso meteórico, hay que mencionar lo que ensombrece su memoria: el despojo de sus derechos musicales y el misterio alrededor de su tumba. Un hermano suyo reveló en el programa de Ramón Pastrano que tras su muerte, el productor Mateo Sanmartín se llevó los discos y nunca rindió cuentas, quedándose con obras que eran parte esencial de su carrera.

Como si fuera poco, años después su cuerpo fue trasladado a un panteón familiar sin nombre ni cruz que lo identificara.

Todo esto contribuyó a que el primer ídolo de la bachata quedara marginado de la memoria oficial, como si alguien hubiese querido borrar su rastro.

Nacimiento y vocación

Rafael Eduardo Encarnación, conocido artísticamente como Rafelito Encarnación, nació el 11 de enero de 1944 en Santo Domingo. Séptimo de 24 hermanos, hijo de Blas Encarnación y Blanca Núñez, desde niño mostró una sensibilidad musical que lo acercó a los boleros y ritmos populares que luego darían origen a la bachata.

El meteórico ascenso

En octubre de 1963 firmó contrato con el Salón Mozart, iniciando su corta pero brillante carrera. Grabó temas como Muero contigo, Pena de hombre, Castigo de amor y Esclavo de tu amor. Fue el primer bachatero en aparecer en la televisión dominicana, algo impensado en una época en que el género era despreciado por las élites. Su estilo, que integraba conga y güira, marcó la pauta de la bachata moderna.

La tragedia en pleno auge

El 23 de marzo de 1964 sufrió un accidente en motocicleta en la intersección de la calle Delgado con César Nicolás Penson. Fue embestido por un joven sin licencia que conducía un automóvil. Llevado a la clínica Abel González, cayó en coma y falleció al día siguiente, el 24 de marzo de 1964, con apenas 20 años.

El país en duelo

Su muerte causó conmoción nacional. Emisoras detuvieron su programación para transmitir noticias sobre su estado, y miles acompañaron su velorio y entierro. Radio Quisqueya incluso repartió fotografías suyas como homenaje póstumo.

Aunque su carrera duró apenas seis meses, dejó al menos 10 canciones grabadas, todas exitosas, que luego fueron versionadas por orquestas de merengue como Los Hermanos Rosario y Aramis Camilo. Sin embargo, el género que él levantó no lo reconoció como debía: artistas posteriores como Luis Segura y Eladio Romero Santos siguieron su camino, pero sin asumir el compromiso de rescatar su figura.Lo que quedó de Rafelito fue un eco silenciado, un pionero olvidado por una industria que prefirió enterrarlo dos veces: primero con su cuerpo, luego con su memoria.

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