
Los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe, Santo Domingo 2026, ya sobrepasan la mitad de su existencia en términos competitivos, con un indiscutible dominio de México, lo que no constituye una sorpresa, debido a que desde hace un tiempo a la fecha sus atletas han impuesto su sello distintivo en las canchas.
Los aztecas, sin ningún pero, están muy por encima de los demás países que conforman el universo en el área, y una muestra fehaciente de ello se encuentra en el medallero, donde desde el inicio de las competencias compilan casi más del doble de preseas que la delegación que ocupa la segunda posición.
Pero aparte de los resultados en el terreno de juego, este evento hasta la fecha, y no tiene por qué experimentar cambios significativos hasta su conclusión el próximo sábado, está dejando una experiencia extraordinaria sobre la responsabilidad de cumplir los compromisos asumidos en cualquier proyecto.
Se han producido, como es natural, inconvenientes y eventualidades que se han solucionado con rapidez.
Ese trabajo es, apenas, un ejemplo de la capacidad que desarrollan los dominicanos para dejar un legado histórico de responsabilidad y de un trabajo eficiente.
La esperanza que todos abrigan es que los Juegos continúen con el éxito que han acumulado hasta la fecha, lo que constituiría una victoria de los países de manera directa o indirecta.

