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Iglesia Católica enfrenta escasez de sacerdotes

29 mayo 2025

El miedo a un cambio radical de vida, el celibato y los ocho años de estudios que exige la carrera son motivos suficientes para que el número de aspirantes a párrocos sea limitado en el país.

En el primer año, los estudiantes entran en una etapa de adaptación, en los tres años siguientes reciben estudios de filosofía y en los cuatro años restantes se les imparte cátedra de teología (ciencia que trata sobre Dios y el conocimiento que el hombre tiene de Él).

En la República Dominicana, un sacerdote de la diócesis de San Juan de la Maguana, debe viajar más de seis horas en carretera cada día, para atender a las 31 comunidades rurales de su parroquia. El P. Júnior Vásquez asegura que “vale la vida dejarlo todo y gastarnos como una vela por Dios al servicio de los más humildes. Para que todos alcancen el mensaje de la salvación”.

Las zonas rurales dominicanas suelen ser conocidas popularmente como “las lomas”. En estas comunidades lejanas, explica la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesita (ACN, por sus siglas en inglés) “suelen carecer de servicios básicos” y su geografía particular es “compleja y de pocas oportunidades”.

Hace más de un siglo, olas de inmigrantes católicos de Irlanda, Polonia y Quebec se radicaron en Chicopee y otras ciudades industriales de Massachusetts, y ayudaron a construir iglesias, rectorías y escuelas para mantener su fe.

Hoy los sacerdotes que encabezan esas Iglesias están abrumados por el estrés, una sobrecarga de trabajo y los escándalos por abusos sexuales de los curas.

El reverendo Mark Stelzer es uno de los que luchan por salir adelante. Enseña en una universidad católica de Chicopee y es capellán. Viaja con frecuencia a eventos en otros estados organizados por una institución que ofrece tratamiento de adicciones y relata sus problemas con el alcoholismo.
El año pasado su carga ya de por sí fuerte se hizo más pesada todavía.

En el marco de una creciente escasez de curas, la diócesis de Springfield lo nombró administrador de una parroquia en Holyoke, vecino de Chicopee hacia el norte, donde vive solo en una rectoría del tamaño de una mansión y sirve a unas 500 familias en la Iglesia de San Gerónimo. “Estoy en una edad en la que pensé haría cada vez menos cosas, pero estoy haciendo más”, dijo Stelzer, quien tiene 62 años. A Stelzer le encanta el sacerdocio, pero admite que añora la época en la que se ordenó, allá por 1983.

El clero católico de EU sobrelleva los efectos de la crisis derivada de los abusos sexuales cometidos por curas, que ha hecho que muchos sacerdotes honorables sientan que pierden apoyo.

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