
Christlady Tejeda Sánchez
En los últimos días el mundo ha dado un giro de 160 grados, desde trabajos postergados, fábricas cerradas, calles totalmente solitarias, clases suspendidas y miles y miles de personas infectadas y otras no tantas, fallecidas; en los noticiarios el Trending Topic es la pandemia que ha afectado al mundo a tal punto que los humanos estamos encerrados en nuestras casas por el miedo de infectarnos mientras los animales andan libremente.
Artistas, políticos, influencers y sociedad en general están de igual forma acatando los mandatos presidenciales de cada nación o país; en lo que tengo de años en este mundo no había visto algo similar a esto, es decir, como una pandemia o virus puede hacernos ver que por nosotros mismos no es posible ser salvos, que somos nada ante una eventualidad como esta y que al final todos somos iguales, ni el dinero, ni la fama pueden comprar salud, vida y mucho menos aire fresco.
Y no es que me refiera a que esto sea más potente que nosotros, (que en términos médicos si lo es) sino, me refiero a la simple idea de que por si no lo han notado, nuestra rutina diaria cambió, nuestros objetivos están postergados, nuestras metas y propósitos han recibido una bofetada de humanidad y nos han obligado a pensar y meditar sobre ellos.
Dice un refrán que no hay mal que por bien no venga y creo firmemente que ahora es cuando esa frase tiene similitud a la realidad y ustedes se preguntaran ¿por qué? ¿Por qué debemos de aprender algo positivo de un momento tan difícil como este?
Las respuestas son simples; El COVID-19 es una pandemia que puede afectarnos desde síntomas leves hasta graves incluso puede causar la muerte por diferentes complicaciones a causa del mismo. Pero ya sabiendo esto, concentrémonos en los aprendizajes dados a balazos por esta causa.
El COVID-19 nos ha enseñado a ser más espirituales, nos ha enseñado a ser más precavidos, a reformular nuestros propósitos a replantearnos nuestra forma de vivir y a ser más agradecidos con la vida. Nos enseñó que el ahorro no es un lujo ¡es una necesidad!
Nos dio la oportunidad de compartir y dedicarles más tiempo a nuestras familias, de interesarnos más en el prójimo, nos enseñó que aún estando lejos estamos más cerca que nunca. El COVID-19 nos ha demostrado que cuando somos unidos y trabajamos en conjunto las aguas pueden bajar su nivel de olas, este virus no solo está enfermando y matando a nuestra gente, nos está mandando un mensaje.
El COVID-19 hizo que empezáramos a pensar en lo que realmente es importante, convirtió a gobiernos en gestores de buena voluntad, obligó a un sistema de salud a trabajar sin pensar en el dinero, obligó a un sistema de educación a cambiar su reloj análogo por uno digital. El COVID-19 ha hecho cosas que si la analizamos bien las tomaríamos como guiones para encaminar nuestra vida de ahora en adelante.
Ya hoy en día en república dominicana no todo es relajo, no todo es chercha y bebedera, señores el que no se adapte a vivir como hasta ahora lo hemos hecho desde que empezó todo esto, sencillamente está al borde de infectarse; si es cierto que aún hay personas que ignoran la magnitud del asunto pero tarde o temprano de una manera u otra se darán cuenta que respetar los reglamentos y decretos para detener la expansión del virus es la mejor estrategia a seguir.
Déjense de cuento de que usted no puede estar metido en su casa, deje el pleito, le están salvando la vida, ahora solo le toca ser responsable y acatar, ahora es cuando debemos ser disciplinados.
Esto es sencillo, quédate en casa, que de esa forma estarás protegiendo a ti y a tu familia, de paso ayudaras a las autoridades sanitarias y policiales a mantener el país con menos muertes e infectados.
Reflexiona, de eso se trata la semana santa. El COVID-19no nos define pero si nos transforma.

