Saltar al contenido

Ocoa…

16 septiembre 2021

Por: Asdrovel Tejeda

Como otros tantos antes que yo me marché en búsqueda de horizontes nuevos, de viejos sueños que hablaban de paisajes de colores diferentes, de emociones que amarraban con alegrías nuevas, de historias contadas a la vera de los caminos.

Me fui, en búsqueda de otras querencias pensando estremecer mi alma con la geografía de tierras aprendidas en el aula de mi infancia. Y recorrí la Amazonia con el verdor profundo de su mapa arbóreo, sus ruidos palpitantes de vida y su vida de ruidos palpitantes. Sus cascadas, sus arroyos, sus caudalosos ríos de colores. Sus Yanomamis, Boroboros, Guaraníes, Awa o Maku con el curaré divino de la caza en la caza primera de la vida.

Navegando él Amazona, cinta inconmensurable de aguas profundas y vastas que a veces turbulentas, remecen las canoas en vaivenes de miedo. Desde el encuentro de las aguas en Manaos, hasta el Iquitos, puerta de entrada al Perú del Cuzco Imperial.Peregriné el Tenochtitlán de los Mexicas con sus ofrendas de sangre alimentando a las golosas serpientes de Tonatiuh y del Quetzalcoatl arrepentido, que se marcha con la promesa implícita de volver en busca de la Malinche que cobijó en su noche negra, a un Cortez enamorado.

Contemplé con estupor admirado la increíble fuerza del mar de Bering, con sus olas montañosas y su istmo de entrada el que Vitus nunca imaginó que fuera la puerta utilizada por Asia para trashumar curiosa por la América que no era. Con su Yukon imponente, carretera vial del Klondike de oro en una Alaska de misterios colosales.

Las Vegas con todos los pecados capitales, donde el silencio suscribe un pacto con el viajero descuidado, «pues todo lo que se hace en las vegas, permanece en ella». El cañón de Colorado con el Mojave al fondo, donde Dios se entretuvo en pintar con pinceles celestes todos los colores de la palestra.

El Mississippi desde su nacimiento en el lago Itasca, hasta su desembocadura en el Golfo de México, carretera acuática que abrió el futuro de la America que no conocia su grandeza.Ulán Bator, nómada, cerril, ventana del Gobi, estepas desérticas con mantos de arena traicioneras donde el airag amiga quitando las penas de la fatiga.

En sus noches oscuras se puede escuchar con temor, el ulular de las hordas de Gengis, el Kan del imperio Mongol en busca de Borte y sus treinta y seis concubinas, para un Kuritai de caricias melosas.

Así, en este caminar peregrino en ninguna región, en ningún paisaje, río, desierto, ciudad, montaña o valle, visitado o por visitar, se comprime de alegría mi corazón elevándome en la sintonía perfecta del alma cuando al doblar la vuelta de la Paloma contemplo, recostada, con un dejo de coquetería manifiesta, el Ocoa sublime del Maniel impenitente que en cada calle conserva las huellas profundas de los pasos de mis recuerdos.

IMG-20221107-WA0032