
Por Harris Castillo.
A)
Una buena parte del mundo occidental ha perdido la credibilidad en sus líderes políticos. Existe la tendencia a tomar con pinzas los números y estadísticas emanados del sector público, visto la falta de consecuencias ante las mentiras y el manejo del lenguaje que permite decir lo que se quiere y no necesariamente la verdad.
La pandemia de COVID-19, aparte de dejar al desnudo la necesidad de que los estados jueguen un rol mayor en materia de salud pública, ante la ineficiencia de un sistema fundamentalmente mercurial, ha subrayado también la desconfianza de la población en la “transparencia” con que los gobiernos manejan el fenómeno.
Se ha cuestionado si los números revelados por China, son correctos. Recientemente se ha sugerido que los casos de muerte en Estados Unidos podrían ser mayores, si se toma en cuenta las muertes por neumonía que no fueron sujeto de pruebas. República Dominicana no es la excepción.
Los números que se manejan en el país, dan la falsa idea de que tenemos un bajo número de casos. Falsa idea, porque si se toma en cuenta el número de pruebas realizadas, los resultados debieran producir alarma en las autoridades y en la gente.
2,111 casos positivos, de 6,358 pruebas realizadas, según los datos que publica la prensa nacional tomando como fuente el Ministerio de Salud. Esa data nos dice que de cada cien personas 33 dan positivo. ¿Cuál sería el número de infectados si se realizaran un millón de pruebas?
B)
Recientemente recibimos la información de una familia, en Ocoa, que pedía con insistencia que a uno de sus miembros le realizaran la prueba del COVID-19, ya que por su conocido padecimiento pulmonar, estaba entre el segmento de mayor riesgo, junto a otros factores coyunturales. Los magos del lenguaje, que también los tenemos en el patio, prefirieron referir al paciente a otro centro asistencial fuera de la provincia, donde murió y se espera resultados de una prueba que debió realizarse con muchos días de antelación y que no solo permitiría luchar por salvar su vida aplicando el “protocolo existente”, sino además implementar a tiempo el “protocolo” de aislamiento a los posibles contactos del contagiado.
La misma información daba cuenta de la acusación que pretendía responsabilizar al Doctor José Santana, (Santanita), de haber dicho que en el municipio había Coronavirus. Es decir que si un profesional de la medicina, reputado, académicamente aventajado y éticamente bien dotado, dice eso, para los magos del lenguaje es mejor acusarle que investigar, porque con ello se mantiene el discurso de baja incidencia o incidencia cero.
¿Acaso ven al doctor Santana como un posible contendor político a futuro? ¿Acaso la mezquindad les impide reconocer a uno de sus ciudadanos ejemplares? El doctor Santana viene de abajo, de donde se cultiva mejor la empatía, egresado de una de las mejores escuelas del mundo, en medicina, ética y compromiso social. Que desde un pueblito en una cordillera, nos representa en el plano internacional como presidente de una organización mundial de profesionales de la medicina.
Para los interesados, los críticos somos un dolor de cabeza, y venden la idea de que lo que en verdad queremos es que en Ocoa haya casos de contagio para hacerle daño al gobierno. Eso muestra el grado de anquilosamiento colectivo de esta generación de políticos, con sus honrosas excepciones. Piensan que ellos son los únicos que aman a Ocoa, y los únicos que tienen familias y amigos en la tierra de la “Hospitalidad” y el higo. El que le miente a su pueblo, no ama a su pueblo.
La verdad pura y simple, es que este fenómeno recorre el mundo por los cuatro puntos cardinales, y que más temprano que tarde nos tocará como comunidad. Solo las medidas de prevención que tome cada persona, mas la rigidez de la acción pública, ayudará al sistema sanitario a estar en capacidad de tratar adecuadamente a los enfermos.
C)
La Comisión Provincial de Alto Nivel, de excelente composición, y con capacidad para gestionar en el plano material lo necesario para enfrentar con éxito este reto, desde mi punto de vista está incompleta y sugiero se tome en cuenta la inclusión de elementos que puedan aportar al mejor funcionamiento de la misma.
La inclusión de miembros del sexo femenino, no solo le quita el aroma sexista a la comisión, sino que además permite aprovechar la capacidad de la mujer, en este caso para gestionar necesidades de su género en situación de estrés, y necesidades de la familia en situación de confinamiento.
Meritoria por demás, todos los miembros de dicha comisión son personas con el crédito y/o jerarquía para estar, sin embargo, siendo esta una pandemia provocada por un virus, la inclusión de epidemiólogos y virólogos, o fisioterapistas, le daría la agilidad para tomar mejores decisiones en el ámbito sanitario.
Vale igual decir que en una situación que exige confinamiento de familias enteras y cuarentena general, se hace indispensable la inclusión de personal de salud mental. No es que queramos la creación de una comisión numerosa, pero estas inclusiones ponen a dicha comisión en capacidad de enfrentar mejor el fenómeno.

