
Los cristianos dividen la historia en antes y después de Cristo, porque después de la vida, muerte y resurrección de Jesús se ha producido el hecho decisivo de la existencia humana.
Concluye la Semana Santa y creer en la resurrección, implica convertirse al estilo de vida y a los valores defendidos por Jesús. Se supera el miedo a la muerte, viviendo como Cristo. Implica que un cristiano tiene que estar dispuesto a ser antes víctima que verdugo.Hoy todos vivimos con mucho desencanto y desesperanza. Los nuevos líderes y figuras mundiales han perdido esa confianza en el hombre.El pesimismo, el acabose, el caos moral y espiritual, la tentación a la resignación se extienden, tanto a nivel de la Iglesia tentada de volver a la restauración, como de una sociedad que en los tiempos de crisis revela la inhumanidad y la injusticia sobre la que se asienta.Creer en la resurrección es oponerse a eso, superar el miedo a la muerte: al aislamiento social, al desprestigio, a la burla, a la incomprensión, al rechazo, a la difamación… de los de siempre.El hombre es un ser absurdo, que aspira y desea lo imposible, que pregunta por aquello que no tiene respuesta, que espera lo inalcanzable, y que persigue siempre una felicidad esquiva y huidiza.
Desde la experiencia de la resurrección de Cristo, asumimos la muerte como inevitable, pero encarándola en la esperanza y en la fe de que no es lo último, ni lo definitivo en la vida del hombre.Jesús tenía razón, Dios está con él. Jesús ofrece verdaderas garantías para alcanzar la liberación definitiva, incluso por encima de la muerte. Esta muerte ha sido algo previsto y preparado en los designios de Dios para la salvación del hombre.Jesús era un hombre débil, mortal como nosotros. La muerte nos iguala a todos y, si Jesús ha muerto, quiere decir que es hombre como todos nosotros. Pero, la resurrección, nos descubre algo nuevo, que es un hombre que vive una relación única con Dios, Dios estaba en él.Cristo no solo vive ahora para los hombres, sino entre los hombres.
La comunidad de creyentes no se siente huérfana, es necesario saber descubrir el resucitado, saber escucharlo en el Evangelio, dejarnos alimentar por él en la cena eucarística, saber encontrarlo en todo hombre necesitado.Ya el mal, la injusticia y la muerte no tienen la última palabra. La vida no es un enigma sin meta ni salida, conocemos el final. Todos aquellos que luchen por ser cada día más hombres, un día lo serán. Todos aquellos que trabajen por construir un mundo más humano y justo, un día lo conocerán. Todos los que, de alguna manera hayan creído en Cristo y hayan vivido con su espíritu, un día sabrán lo que es VIVIR.
Fuente: Luis Barrera

