
Por Omar Ureña
Siempre para esta fecha se agudiza la escasez de agua potable por la falta de lluvia y otros factores, que inciden a que en los hogares nuestros falte ese bien natural imprescindible para la vida.
Cuando tenemos agua abundante nos olvidamos de darle el uso correcto y el desperdicio se hace latente frente a nuestras narices. Podemos incluso, palparlo en los contenes de nuestras calles en plena crisis.
La gestión pasada de la cual fui parte, realizó varios operativos de desconexiones clandestinas en la comunidad de Parra, llevó a cabo programas de concienciación del uso racional del líquido y una serie de estrategias para cumplir con los clientes y usuarios. Nada de eso fue suficiente, porque persiste el problema cada vez que se presenta una sequia y la irracionalidad se perpetúa en la gente, que sólo ve el problema cuando le falta el agua.
Paradójicamente la gestión pasada tuvo un respiro al final de su mandato, porque las lluvias se hicieron presentes en esos meses y eso contribuyó a que el caudal del río Ocoa y el arroyo, que suplen el acueducto aumentarán su volumen. Sin embargo, la nueva gestión que encabeza el distinguido Pantaleón Casado, heredó ese favor de la naturaleza, éste a su vez, hacía alardes de la demagogia, hablando de un CAMBIO ficticio alabando al equipo que le acompaña, como responsable de un buen servicio. En ese sentido, queda demostrado que no se puede hablar mentiras, porque si hubiese sido así, ese mismo equipo debería hacer magias ahora con la escasez.
En mi caso particular he escrito varios artículos relacionados al medio ambiente, la tala indiscriminada de árboles para el cultivo de plantas de aguacate, que es el factor número uno que origina ese problema, el crecimiento demográfico del municipio cabecera, el desperdicio rampante existente e incorregible, de este último somos todos culpables, de los demás podríamos ser cómplices pero no responsables directos.
Usar el agua de consumo humano para cultivos, es un crimen, toda vez, que el uso de la misma está centrada en tres renglones importantes para la vida, primero los humanos, segundo los animales y tercero las plantas, desde hace décadas, aquí se está haciendo al revés, las plantas o cultivos de aguacates, los animales y los humanos. La fiebre del aguacate, el valor de ese fruto que se comercializa para exportación, tiene un valor de 120 pesos por unidad, en otros casos ese mismo producto alcanza los 150 pesos y eso hace que la avaricia despierte ideas perversas de gentes que sólo aspiran acumular riquezas, sin importar el dolor colectivo que generan con sus actividades.
Esta problemática seguirá sin solución hasta tanto no se enfrente con determinación a los sicarios del medio ambiente, a los que sin pudor alguno se roban en la clandestinidad, lo que es de todos, hasta que se regularice la siembra sin control de plantaciones de aguacate y hasta que el Gobierno central, éste o cualquiera que venga, entienda que se necesita un acueducto de mayor capacidad, por el crecimiento poblacional de los últimos tiempos, porque esto no se trata de un equipo nuevo de hombres y mujeres responsables de distribuir el agua, no se trata de alabarse a si mismo con mentiras, se trata de las realidades planteadas ya expuestas en este escrito.
¡Sí ombe si!

