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Del humo a la caja: la epidemia invisible de vapes y hookah en los dominicanos

21 julio 2026

Lo que muchos consideran inofensivo o “más seguro que un cigarro tradicional” ha desatado una epidemia silenciosa, con cifras alarmantes de uso y advertencias serias de neumólogos y autoridades sanitarias sobre riesgos que incluyen daño pulmonar, problemas cardíacos, cáncer y la muerte.

SANTO DOMINGO, República Dominicana: .- En parques, colmadones, discotecas y entre amigos, el dulce aroma de los vapes y las tuberías de hookah se ha vuelto la banda sonora de reuniones juveniles, ambientes de adultos y hasta familiares en la República Dominicana.

Lo que muchos consideran inofensivo o “más seguro que un cigarro tradicional” ha desatado una epidemia silenciosa, con cifras alarmantes de uso y advertencias serias de neumólogos y autoridades sanitarias sobre riesgos que incluyen daño pulmonar, problemas cardíacos, cáncer y la muerte.

De acuerdo con Plutarco Arias, presidente de la Sociedad Dominicana de Neumología y Cirugía de Tórax (SDNCT) en 2024, un estudio local habría revelado que cerca del 48% de los jóvenes dominicanos ha utilizado hookah o vapes, una cifra significativa que indica la penetración de estos dispositivos en la vida cotidiana principalmente de la juventud del país.

Del estudio como tal no se tiene rastro.

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Un proyecto de ley presentado en el Congreso Nacional buscaba prohibir la venta, promoción y entrega de vapes y cigarrillos electrónicos a menores de 18 años en República Dominicana, pero tal proyecto no ha rendido frutos.

La iniciativa, impulsada por el diputado Charlie Mariotti Paz, respondía al aumento del consumo de estos dispositivos entre jóvenes y plantea multas de hasta 40 salarios mínimos para los comercios que incumplan la normativa. Además, obligaría a los establecimientos a colocar avisos visibles sobre la prohibición y refuerza la regulación del vapeo como un tema de salud pública.

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Del proyecto no se ha vuelto a hablar.

Riesgos sin fronteras
El uso de cigarrillos electrónicos o vapeadores ha experimentado un crecimiento acelerado durante la última década, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que al menos 40 millones de adolescentes de entre 13 y 15 años consumen productos de tabaco.

Esta alarmante cifra incluye a unos 15 millones de jóvenes que utilizan cigarrillos electrónicos o vapeadores, cuya tasa de consumo supera frecuentemente a la de los adultos.

Además, existen más de 16,000 sabores disponibles en el mercado, una estrategia que, según el organismo, incrementa el atractivo de estos dispositivos entre la población más joven.

Mientras el vapeo continúa expandiéndose a nivel mundial, en República Dominicana persiste un vacío de información oficial que dificulta dimensionar el alcance real del fenómeno.

La ausencia de estadísticas nacionales actualizadas, registros hospitalarios consolidados y campañas permanentes de prevención limita la comprensión de un problema que especialistas en neumología, cardiología, psicología y salud pública consideran cada vez más relevante.

Este reportaje busca analizar el crecimiento del vapeo en el país desde una perspectiva integral, reuniendo testimonios de consumidores, sobrevivientes, profesionales de la salud, economistas y autoridades, además de examinar la evidencia científica disponible y las limitaciones institucionales para enfrentar una práctica que continúa ganando terreno entre los jóvenes dominicanos y cobrándose sus vidas.

Percepción vs realidad
Muchos jóvenes creen que vapear es menos dañino que fumar cigarrillos tradicionales.

Sin embargo, especialistas han señalado que los químicos presentes en los aerosoles de estos dispositivos, incluyendo nicotina y compuestos tóxicos, pueden causar daños similares o, en algunos casos, peores que los del tabaco convencional.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Ministerio de Salud Pública han advertido sobre los efectos negativos en las vías respiratorias y la necesidad de disuadir su uso entre la población joven, pero dichas advertencias no se han seguido promocionando.

Daños y consecuencias de la hookah y los vapes.
Imagen realizada con Inteligencia Artificial. Datos oficiales tomados de la OMS y OPS
El uso frecuente de cigarrillos electrónicos también se ha relacionado con problemas bucales y con la exposición a compuestos potencialmente cancerígenos.

Tanto el vape como la hookah exponen al organismo a sustancias tóxicas que pueden causar daños importantes a corto y largo plazo, comprometiendo la salud y la calidad de vida.

Casi no la cuenta
Con un testimonio desgarrador Clairet Cruz Jiménez, quien comenzó a vapear a los 12 años, hoy hace un llamado a los jóvenes a través de este reportaje para que abandonen la práctica de vapeo tras enfrentar una grave complicación de salud que la llevó al hospital.

Lo que comenzó como una curiosidad a los 12 terminó convirtiéndose en una experiencia que, según sus propias palabras, la dejó «cara a cara con la muerte».

Cruz recordó que cuando empezó a utilizar estos dispositivos, todavía eran conocidos popularmente como «los de forma de lapicero». Durante años no presentó señales de alarma, hasta que su estado de salud cambió de forma repentina a los 19 años.

«Mi primer síntoma fue un dolor de garganta. Después comenzaron las fiebres de hasta 40 grados todos los días, mucho sueño y un malestar general que no desaparecía», relató.

Un tema de impuesto
La popularidad de la hookah y el vape también se ha visto impulsada por la falta de regulación estricta en puntos de venta y espacios sociales.

En parques, colmadones y encuentros sociales, el uso compartido de pipas de agua y dispositivos electrónicos se ha normalizado, lo que incrementa la exposición a toxinas y la posibilidad de adicción entre los más jóvenes incluso niños, quienes a menudo minimizan los riesgos.

De acuerdo a un artículo publicado por el economista Henri Hebrard, la entrada en vigor de la Ley 30-26 de Medidas Pro-Crecimiento Económico, Simplificación Fiscal y Mitigación de la Crisis Internacional ha reactivado el debate sobre la tributación de los cigarrillos electrónicos y dispositivos de vapeo en República Dominicana, tras establecer un impuesto selectivo al consumo ad-valorem del 55 % sobre estos productos.

Hebrard, indica que la medida ha generado opiniones encontradas entre especialistas y representantes del sector, quienes cuestionan si la nueva carga impositiva responde a criterios de salud pública o a objetivos de recaudación fiscal.

El nuevo impuesto podría incrementar considerablemente el precio final de los dispositivos de vapeo, lo que favorecería el comercio ilícito, reduciría las ventas formales y limitaría la recaudación esperada por el Estado.

El crecimiento del mercado de vapeadores en República Dominicana también se refleja en el entorno digital.

Una revisión realizada por este reportaje encontró que algunos servicios de entrega a domicilio y plataformas de comercio electrónico incluyen dispositivos de vapeo dentro de su oferta, permitiendo que los consumidores puedan solicitarlos y recibirlos directamente en sus hogares independientemente de si son niños, adolescentes o adultos quienes lo compren.

Las imágenes recopiladas muestran cómo estos productos han pasado de los establecimientos físicos a los canales digitales, donde aparecen promocionados junto a otros artículos de consumo cotidiano.

Esta facilidad de acceso plantea nuevos desafíos para las autoridades encargadas de la regulación, especialmente en materia de control de venta a menores y supervisión de la publicidad de productos que contienen nicotina.

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Los expertos explican
Este tema de los vapes y hookah abarca muchas áreas y la salud es la más importante, por ello consultamos al psicólogo clínico y especialista en adicciones, Luis Ottenwalder , del Centro Vida y Familia Ana Simó quien explicó que el aumento del consumo de vapes y hookah no responde únicamente a la falta de información sobre sus riesgos sino más bien que muchas personas recurren a estos dispositivos por la necesidad de pertenecer a un grupo, manejar emociones difíciles o seguir tendencias sociales.

En el caso de los adolescentes, agrega que el diseño, los sabores y la imagen moderna de estos productos reducen la percepción del riesgo y favorecen la normalización de su consumo.

Ottenwalder advierte que existe una diferencia entre el consumo ocasional y aquel que cumple una función emocional.

Según el especialista, cuando una persona utiliza el vape para controlar la ansiedad, enfrentar conflictos o aliviar el malestar, y comienza a consumirlo con mayor frecuencia o en solitario, pueden aparecer señales de dependencia que requieren atención profesional.

Luis Ottenwalder, psicólogo clínico especialista en adicciones del Centro Vida y Familia Ana Simó.

El especialista también recuerda que muchos dispositivos de vapeo suministran altas concentraciones de nicotina, una sustancia especialmente adictiva para los adolescentes, cuyos cerebros aún están en desarrollo.

Además, señala que el consumo frecuente se ha asociado aparte de la ansiedad a síntomas depresivos y alteraciones del sueño, por lo que insiste en la importancia de la detección temprana, el diálogo y el acompañamiento psicológico para prevenir una dependencia.

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El corazón también paga la factura
Mientras la industria vende el vapeo y la hookah como alternativas «más limpias» o «menos dañinas» que el cigarrillo tradicional, la evidencia médica cuenta una historia muy distinta.

Para la cardióloga Dra. Oneyda Ramírez Santana, de Corazones Unidos y CM UCE Torre KP, el impacto de estos dispositivos sobre el sistema cardiovascular comienza mucho antes de que aparezca una enfermedad visible.

«Muchas personas creen que, porque no hay combustión o porque el humo pasa por agua, el riesgo desaparece. Eso no es cierto», advierte la especialista.

Dra. Oneyda Ramírez Santana
Explica que desde las primeras exposiciones la nicotina provoca una descarga de adrenalina que acelera el ritmo cardíaco, eleva la presión arterial y contrae los vasos sanguíneos, obligando al corazón a trabajar con mayor esfuerzo.

Pero el daño va más allá de una aceleración pasajera del pulso. Según la doctora, tanto el vape como la hookah afectan el endotelio, la delicada capa que recubre el interior de las arterias y que permite su correcta dilatación. Cuando esa barrera comienza a deteriorarse, se inicia un proceso silencioso que favorece la inflamación vascular y abre la puerta al desarrollo de enfermedades cardiovasculares.

En el caso de la hookah, el peligro aumenta por la exposición al monóxido de carbono que produce el carbón utilizado para calentar el tabaco. Este gas reduce el oxígeno disponible para el corazón y el resto del organismo.

«El agua de la hookah no filtra estas sustancias tóxicas», enfatiza Ramírez Santana, desmontando uno de los mitos más extendidos entre los consumidores.

La preocupación también crece en los consultorios.

Cada vez llegan más adolescentes y adultos jóvenes con palpitaciones, taquicardia, dolor en el pecho, mareos o elevaciones de la presión arterial, síntomas que con frecuencia coinciden con el uso habitual de vapes o hookah. Muchos ni siquiera se consideran fumadores y, por ello, omiten mencionar estos dispositivos durante la consulta médica.

Para la especialista, esa percepción de que se trata solo de «vapor con sabor» ha contribuido a normalizar un hábito cuyos efectos todavía continúan estudiándose, aunque ya existen suficientes evidencias de daño cardiovascular. A largo plazo, advierte, el consumo repetido puede favorecer hipertensión arterial, rigidez de las arterias, aterosclerosis, enfermedad coronaria, infartos e incluso insuficiencia cardíaca.

La cardióloga también llama la atención sobre los sabores frutales, mentolados o dulces, diseñados para hacer estos productos más atractivos, especialmente entre adolescentes. «Que un vape sepa a frutas o a menta no significa que sea seguro», sostiene. Además de facilitar la iniciación, algunos saborizantes han mostrado efectos tóxicos en estudios experimentales.

Su mensaje es contundente: no existe una forma segura de fumar ni de vapear. Ni la juventud, ni la práctica de ejercicio, ni el consumo ocasional durante reuniones sociales protegen al corazón de los efectos de la nicotina y de las sustancias presentes en estos dispositivos.

La prevención, insiste, comienza antes de que aparezcan los primeros síntomas.

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