
En esta tierra el que no corre vuela, pero lo de un señor conocido como «Pen» ya rompió el récord del ingenio dominicano. Mientras la gente normal va a los velorios a beber café, comer galletitas y averiguar de qué murió el difunto, Pen va a lo que va: a facturar lágrima viva.
El hombre, residente en la comunidad de Yuna (provincia Duarte), se ha vuelto superviral en las redes sociales tras revelar su nuevo «microemprendimiento»: se alquila para llorar en funerales y cobra por hora.
¡Como lo oye!
Nada de llanto de cortesía ni «ay mi hermano». Si usted quiere un show con moqueo, despeine y pataleta en el suelo, más le vale tener la billetera ready.

Según contó el mismo Pen, la tarifa depende estrictamente del reloj. ¿Quiere 30 minutos de sollozo discreto? Tiene su precio. ¿Quiere cuatro horas de desmayos teatrales y lamentos que ericen la piel?.
Prepare el bolsillo, porque mientras más horas pida la familia, más cara sale la cuenta de los pañuelitos. Como era de esperarse, el pueblo dominicano no perdona un chiste y la plaga de comentarios no se hizo esperar.
En las redes ya lo bautizaron como “El hombre más rico del Bajo Yuna”, asegurando que con la sequía de empleos que hay, Pen encontró una mina de oro donde los demás solo ven luto.
Otros afirman que con lo caro que está el plátano, hasta para llorar hay que buscar un socio estratégico.
Aunque la idea parezca sacada de una película de comedia, la realidad es que Pen revivió la antiquísima figura de las plañideras (aquellas mujeres a las que antes les pagaban por lamentarse en los entierros), pero al mejor estilo cibaeño y con modelo de suscripción por tiempo.
Así que ya lo sabe, si se le muere un familiar y usted anda flojo de sentimientos o sin ganas de armar el drama, no se preocupe: llame a Pen.

