
Por: Asdrovel Tejeda
El domingo recién pasado, en Hazleton Pensilvania, se celebró la séptima entrega de la copa – Pedro Pimentel. Está actividad tiene, por características singulares, varios ejes que le dan a su dinámica celebración de pueblo llano.
La actividad, es un reconocimiento a Pedro Pimentel, un ser humano ejemplar que sirvió a la sociedad Ocoeña desde atalayas diferentes: Profesor de generaciones, deportista consagrado, locutor y político honorable. Sirve, además, para el encuentro amistoso en el deporte del bate y el guante, en competencia sana de equipos de diferentes ciudades que van, a ritmo de salve y de palos al convite añejo de la amistad.
Un reconocimiento a la laboriosa Ocoeñidad establecida en Hazleton Pensilvania, en donde demuestran cada día, con el esfuerzo de su trabajo, la capacidad y la grandeza del espíritu ocoeño.
Es un gran encuentro, sin lugar a dudas, el encuentro de masa más notable de los hijos de Ocoa fuera de las coordenadas geografías de la provincia.
Una actividad respaldada por hijos del terruño que se desplazan desde la provincia para decir presente y apoyar a sus compueblanos, dándose cita desde días antes del evento. En esta oportunidad, la gobernadora provincial, diputada, síndico de Ocoa, del Pinar y otras autoridades que electas o nombradas vienen a dar un abrazo de apoyo a sus hermanos.
Desarrollada por el grupo de Damarys, con el entusiasmo de Damarys Pimentel que como una locomotora sin freno pone su empeño y dedicación para el buen desempeño de la actividad. Damarys, como una hormiga atómica, está pendiente de cada uno de los detalles y es incuestionable su entusiasmó y dedicación junto a su grupo de apoyo, para que el evento tenga un final feliz
En la actividad se reconocen el esfuerzo, el trabajo y la dedicación de diferentes Ocoeños en el trabajo de apoyo a su comunidad.
No hay duda alguna que ésta actividad vino a quedarse, a ser un punto de unión de los hijos del Maniel y una vitrina donde pasea el orgullo, el buen decir y las ganas del desarrollo de los sueños de todo el que se mudó pero que tiene, en cada sístole y diástole, el nombre de Ocoa, grabado a sangre y fuego en mitad de su corazón, coraza inmarcesible de pertenencia infinita. ¡Felicidades!

