
Por: Asdrovel Tejeda
El domingo recién pasado dada las condiciones del tiempo decidí desempolvar la bicicleta y salir a recorrer caminos, aún con la protesta de mis rodillas y con los achaques derivados de mi acumulación de años y dolencias.
Subía por una de las calles más emblemáticas de la ciudad de mucho tráfago urbano, de muchos negocios y de edificios de viviendas. Mirando, entretenido, escaparates, frente de negocios y restaurantes con fotos generosas de platos incitadores.
En esos malabares iba, cuando distraído mi vista llegó a una ventana donde ondeaba una pequeña banderola dominicana… Ahí en las otras, como si fueron pendones piratas, un cubrecama, toallas y sábana mostrando la radiografía íntima de los inquilinos, que orgullosos, mostraban los colores que identifican su nacionalidad.
Con pesar, seguí pedaleando, llegando a un dollar tree en busca de un jabón de baño. Ahí oí el siguiente diálogo: Ocurre que un señor fue a comprar un artículo y pagó con cinco dólares ( según me dijo luego) tomó el objeto porque estaba marcado en cuatro dólares.
Cuando pagó se quedó esperando el cambio y cuando preguntó, la cajera le dijo que él debía 31 centavos. Avergonzado quiso devolver lo comprado pero la cajera le dijo que no, que lo dejara así.
El le dijo que volvería con el monto ( me dijo que oyó al gerente decir: ese no vuelve más).
El señor fue a su casa, nueve cuadras de la tienda, buscó el cambio y regresó a pagar el débito.
La cajera sorprendida le dijo sonriente, usted no tenía que hacer eso, es muy responsable.
El le contestó: Tenia que hacerlo por los sacos.
Que sacos? pregunto curiosa la cajera.
Ando siempre con dos sacos que no puedo dejar caer.
Ajá, le dijo la cajera. Y cuáles son que no los veo?
No se ven, pero están con uno, en sus hombros, son el apellido y la nacionalidad.
Por respeto a mi familia y a mis raíces y, por mi condición dominicana, todo lo que hago, no sólo soy yo, llevo mi nacionalidad y mis apellidos en todo lo que realizo, por eso trato de siempre de hacer lo correcto. ¡Yo los represento!
De regreso, cantarín, alegre, no sentía dolor ni impedimento para pedalear, es más, la bicicleta parecía que iba sola.
Es que cada uno ofrece lo que es y tiene.

