
El 6 de enero de 2021 habrá una sesión conjunta del Congreso, presidida por el vicepresidente de EE. UU. Mike Pence, para contar y validar los votos del Colegio Electoral. Para dar apoyo a los congresistas republicanos que objetarán los votos de los electores de estados disputados, el presidente Donald Trump convoca una manifestación en Washington, DC, que se realizará ese mismo día. Durante el periodo navideño, más congresistas anunciaron que objetarían los votos de estados en los que hubo irregularidades y fraude electoral.
Pence podría forzar una situación que obligue al Tribunal Supremo federal a intervenir o que impida que cualquiera de los candidatos presidenciales de EE. UU. obtenga los 270 votos mínimos para ser confirmado como presidente de la Nación. Tiene la oportunidad de poner a la Rama Judicial en una situación incómoda. Los jueces de toda la jerarquía de tribunales no quieren intervenir en la disputa partidista. Ni siquiera dan espacio para exponer la evidencia sobre fraude electoral.
Sin embargo, si Pence decide no contar los votos de los electores de estados como Wisconsin, Michigan, Pensilvania, Georgia, Arizona, Nevada y New Mexico o si establece que al recibir votos de electores demócratas y republicanos de un mismo estado y que por irregularidades electorales significativas no se puede determinar a un ganador, los demócratas tendrían que acudir al Tribunal Supremo de EE. UU. para que resuelva la disputa. La Rama Judicial tendría que tomar una decisión o no acoger la solicitud y dejar que la Rama Legislativa resuelva.
En caso que el Tribunal no atienda la controversia, si ninguno de los candidatos presidenciales obtiene 270 votos de electores del Colegio Electoral, le tocaría a la Cámara Baja federal seleccionar al presidente de EE. UU. mediante una elección de contingencia en la que se asigna un voto a cada delegación por estado. Si el Tribunal Supremo federal acoge la demanda que presenten los demócratas y atiende el caso en sus méritos, sería el primero que atendería durante todo el periodo poselectoral de 2020-2021; este escenario implicaría que al fin decide asumir su responsabilidad constitucional.
La campaña de Trump no se detiene en los esfuerzos para recopilar evidencia forense sobre el fraude electoral ni en la presentación de demandas. Pero, el Tribunal Supremo federal posterga la atención de los casos para después del 6 de enero de 2021. Por esto, es importante el rol de Pence al presidir la sesión conjunta del Congreso. Es la figura clave para provocar que la Rama Judicial intervenga.
Mientras se acerca la fecha del 6 de enero, Trump convoca un evento de campaña para el 4 de enero con el fin de apoyar a los candidatos republicanos al Senado federal por el estado de Georgia, David Perdue y Kelly Loeffler. Para los republicanos es vital ganar estos escaños y mantener mayoría en el Senado federal. Si perdieran, el voto de desempate en decisiones divididas por partido estaría en manos de quien gane la vicepresidencia de EE. UU.
Los congresistas republicanos que no apoyen a Trump ponen en riesgo los escaños senatoriales de Georgia. Si pierden estos escaños, tendrían que apoyar a Trump y a Pence sí o sí en una posible elección de contingencia, porque sería la única manera de mantener la presidencia del Senado federal.
La figura de Trump es clave para ganar elecciones congresionales. Su endoso moviliza a millones de electores. Esto obliga a los políticos RINO (Republican In Name Only) a apoyar la reelección de Trump/Pence. La otra alternativa que tienen es el suicidio político.
Hay escenarios posibles para una victoria de Trump. El proceso de selección del presidente de EE. UU. todavía no culmina. Quienes lo dan por derrotado, se podrían llevar una sorpresa.

