
La noticia de su partida estremeció a toda la comunidad. Guzmán Díaz, oriundo del distrito municipal de Santana, Nizao, se desplazaba en su camión volteo cuando la estructura cedió. Jamás imaginó que esa ruta de trabajo cotidiano sería la última. Su ausencia deja un vacío imposible de llenar, no solo en su familia, sino también entre sus compañeros de oficio, quienes lo consideraban un hermano de carretera.En un homenaje que arrancó lágrimas, decenas de conductores llevaron sus vehículos hasta el velatorio y luego hasta las puertas del cementerio, en una fila interminable que parecía no tener fin. Las bocinas se apagaron y el silencio se volvió el lenguaje del dolor. Era su forma de honrarlo, de despedirlo como él habría querido: acompañado por el rugido de los motores y la hermandad de los suyos.Monte Plata lloró junto a ellos. Los ojos enrojecidos, los abrazos apretados y las lágrimas corriendo por los rostros recordaban que detrás de cada volante hay una vida, una familia y un corazón que late con esperanza. Hoy, Pablito Guzmán Díaz se convirtió en símbolo del sacrificio silencioso que hacen quienes trabajan sobre ruedas, enfrentando riesgos para llevar el sustento a casa.
Fuente: Juan Isidro Escolástico

