
Por: Servicios ocoainformativa
El Sistema Penitenciario y Correccional de la República Dominicana ha experimentado un proceso de transformación significativo desde el año 2003, cuando se inició la implementación del Nuevo Modelo de Gestión Penitenciaria (NMGP) bajo el auspicio del Programa de Apoyo a la Reforma y Modernización del Estado (PARME).
A partir de ese año, se implementó el Nuevo Modelo de Gestión Penitenciaria como parte de un esfuerzo concertado para reformar y transformar en todos sus aspectos existenciales un sistema penitenciario obsoleto y absurdo, caracterizado por el hacinamiento, la corrupción y el abuso de los derechos humanos. La reforma se centró en cambiar el enfoque de un modelo meramente punitivo, castigador y corrupto a uno orientado a la reeducación y reinserción social de las personas privada de libertad, mediante un enfoque humanista, basado en el respeto a los derechos fundamentales, la dignidad humana y en la promoción de programas de tratamientos (educativo, psicológico, legales, etc.) que se manifestaran en acciones de resocialización de los privados de libertad y su reinserción laboral.
El primer paso importante ocurre el 31 de Julio de 2003 con la creación de la Escuela Nacional Penitenciaria (ENAP), cuyo objetivo era la formación profesional de los servidores penitenciarios.
De La Victoria a Las Parras.
Después de 73 años de servicio, la Penitenciaría Nacional de La Victoria, construida en 1952 por orden de Rafael Leónidas Trujillo para encarcelar y torturar a opositores, inicia finalmente su cierre gradual.
El histórico recinto, ubicado a las afueras de Santo Domingo, en el municipio Santo Domingo Norte, llegó a convertirse en el símbolo más crudo del hacinamiento y la degradación penitenciaria en República Dominicana.
La prisión abrió el 17 de agosto de 1952 con capacidad para 1,200 reclusos. Sin embargo, al comenzar el proceso de traslado a la nueva cárcel de Las Parras, la población penal superaba los 9,300 internos, una cifra que multiplicaba por nueve su límite original.
Diversas versiones históricas señalan que en sus inicios, en La Victoria se torturaba a los acusados de crímenes o robos mediante golpizas de “ablandamiento”.
El miércoles 19 de noviembre, de este año 2025, comenzó oficialmente el traslado de los primeros 300 privados de libertad hacia el Centro de Corrección y Rehabilitación Las Parras, en San Antonio de Guerra. Ayer jueves se trasladó otro grupo de 300 reclusos.
El proceso, coordinado por la Dirección General de Servicios Penitenciarios y Correccionales (DGSPC), es liderado precisamente por Roberto Santana, quien décadas atrás también fue preso político en La Victoria.
Santana informó que los internos fueron recibidos por un equipo multidisciplinario de médicos, psicólogos, educadores y abogados, encargado de elaborar perfiles individuales y garantizar un proceso ordenado.
El cierre total del penal será progresivo y marca uno de los pasos más importantes en la modernización del sistema penitenciario dominicano.
Una Luz al final del túnel.
Con la apertura de Las Parras, se abre un camino hacia una reforma estructural que se espera garantice condiciones dignas en prisiones de infraestructuras inadecuadas en la mayoría de los casos y hacia mejorar la seguridad de los recintos para lo cual no es suficiente todavía el personal capacitado en el manejo de poblaciones bajo encierro y presionadas por las condiciones infrahumanas en que se encuentran. Hacia esas metas se aplican esfuerzos y gestiones dirigidas por el exrector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, Roberto Santana, colocado en el desafío de enfrentar las consecuencias de las deficiencias del sistema judicial que derivan en sobrepoblación penitenciaria pendiente de llegar a los tribunales constituyendo el 54% de todos los privados de libertad.

