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OCOA INFORMATIVA

La hora de Camilla

8 mayo 2023
La hora de Camilla

La coronación de Charles III, acontecida temprano esta mañana, fue el momento más esperado por el soberano durante décadas. Sin embargo, como ha sucedido en ocasiones anteriores al hombre de corto carisma y rara tendencia a sonreír a la cámaras, la atención de la opinión pública estuvo puesta en otro lado. La protagonista en esta ocasión fue Camilla.

Al parecer la curiosidad generalizada quería ver convertirse en reina a la mujer que ha generado siempre sentimientos encontrados. Sí, reina con todas sus letras y no “reina consorte” como se pensaba la llamarían. Camilla obtuvo el título completo de reina en la invitación al evento y la corona del imperio británico de cara al mundo entero.

Y lo selló con un cambio de protocolo en la ceremonia de la unción: ese momento tradicionalmente privado y sagrado que simboliza la unión entre Sus Majestades y Dios a través del aceite que se unge en manos, cabeza y pecho. De ese histórico momento no ha quedado huella ni en las fotos de 1937 ni en la televisión de 1953. Ni en 2023, por más moderna que fuera la ceremonia: Charles III lo llevó a cabo oculto a las cámaras detrás de unos paneles, pero Camilla lo vivió a la vista de todos; quizá porque era el momento de decirle al mundo que se había ganado su lugar. Un pasito en frente de la difunta Reina de Corazones.

“La mala del cuento”

Enfundada en un largo vestido blanco bordado con delicadas guirnaldas de flores silvestres, paneles plisados, entallado al torso y cuello V de Bruce Oldfield (uno de los modistos preferidos de Diana, por cierto), su elección estilística para el momento cumplió con las características que han definido también a la nueva monarca: simplicidad y discreción.

Culmina así (y quizá de la manera más irónica) su turbulenta entrada a la Familia Real: saludando al lado del Rey y del resto de la familia desde el balcón principal del palacio de Buckingham. Esa historia que inició con su odioso tercer puesto en la leyenda de amor y desamor de los príncipes de Gales.

Para Camilla, la imagen de ‘la mala del cuento’, la otra o un rottweiler (como la llamaba la difunta princesa Diana) pesó como un lastre en el imaginario colectivo que no le perdonó durante décadas el desliz amoroso.

Y aunque actualmente tampoco es la reina de la popularidad, Camilla ha logrado obtener 38% de aprobación pública en las encuestas -comparado con el 17% de años atrás cuando se filtraron aquellas infames conversaciones íntimas a la prensa británica.

Pero esta transformación en la percepción del público hacia ella no es gratuita. Es resultado de un eficiente trabajo de relaciones públicas de la mano del experto relacionista canadiense Marc Boland y al que también ayudó convincentemente la fallecida reina, la princesa Kate Middleton e incluso Meghan Markle. Y, por supuesto, del inteligente uso de su arma secreta: el silencio y la paciencia.

POKER FACE

Con la misma cara impasible que Camilla hizo frente al escarnio público y fiero típico de los tabloides de los años noventa -aún más agresivo que los de las recientes quejas de los Sussex-, así mismo neutralizó el último de los golpes bajos: el de su hijastro Harry, quien en su autobiografía “Spare” la acusa de filtrar información sobre la familia real a los medios en un intento por limpiar su propia imagen.

Quedan por ahí otras estrategias más que Camilla ha utilizado: sonreír apacible a los fotógrafos e involucrarse en causas filantrópicas que pesen. Dos simples guiños que la maestra del carisma, Lady Di, usó con genialidad: desde mirar a las cámaras con la inocencia de sus pestañas caídas hasta la bravura de sus abrazos a los enfermos de sida.

Al día de hoy, Camilla ya no es más la peligrosa robamaridos, sino una esposa leal de 75 años con líneas faciales suaves e involucrada en asociaciones contra la violencia a las mujeres. Aprendió de las mejores

Basta observar detenidamente la imagen del momento que pasará a la historia: mientras Charles III se dobla sutilmente ante el peso de la corona y la responsabilidad, Camilla mantiene la cara alta, tranquila y serena, mientras esboza una medio sonrisa… y la corona en la cabeza.

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