
Por: José Manuel Arias
En diferentes escenarios en los que me he desenvuelto y desenvuelvo y en los que observo desenvolverse a otros, he visto con preocupación lo que considero un enemigo peligroso por todo lo que puede generar… me refiero al afán de protagonismo, visto este como la obsesión y la necesidad excesiva y prácticamente compulsiva de procurar ser el centro de atención.
Es claro que no me refiero aquí a esa aspiración diríamos que legítima de lograr determinado reconocimiento, sino a esa “búsqueda constante y a menudo a expensas de los demás…”; me refiero a ese “afán de mostrarse como la persona más calificada y necesaria en determinada actividad, independientemente de que se posean o no méritos que lo justifiquen”.
La preocupación estriba en el gran malestar que esto genera y que puede generar, alejando en muchos casos válidas voluntades que, en lugar de nuclearlas alrededor de un objetivo común, se termina alejándolas y con ello si no se mata, al menos se lacera el objetivo común cuyo logro es el que en realidad debe importar y que es, en esencia, el verdadero protagonista, no una persona en particular.
Es que si las personas que forman parte de determinada iniciativa colectiva aprecian o incluso sospechan que alguien procura sacar provecho individual de tal iniciativa, podrían sentirse como tontos útiles de esos que persiguen beneficios individuales a nombre del colectivo, y siendo el caso es hasta obvio que terminen alejándose porque a nadie que se respete le gusta que lo usen y le tomen el pelo, además de que, si es el caso y propósito, se trata de una colosal falta de respeto y de consideración en muchos casos.
A no ser que se defina desde un primer momento un proyecto personal y se trabaje en lograr adeptos para el mismo, si lo que se hace es intentar dar apariencia de causa común para al final procurar sacar provecho en lo personal, es más que entendible que muchos abandonarán el proyecto del que se trate, por más noble que sea, pues no es noble pretender usar a otros con fines disfrazados como colectivos cuando, en esencia, se procuran propósitos individuales.
He visto a personas valiosas que incluso son las que han echado a andar determinadas y hermosas iniciativas colectivas, pero que al saberse usadas por otros han terminado alejándose y no sólo se alejan de esa iniciativa en particular, sino que, en muchos casos, lo que es peor, se alejan de todo tipo de proyecto por miedo a volver a caer presa de personas que obnubiladas por su desmedido afán de protagonismo matan todo proyecto colectivo.
De hecho, también he visto a personas e instituciones idear proyectos e iniciativas diversas y he visto cómo otros se adueñan, y para colmo, aun cuando la persona o institución se mantenga en aras de que se logre el propósito, al lograrse, cuando es el caso, ni siquiera son tomadas en cuenta y son otros los que se alzan con el santo y la limosna, con lo que en múltiples ocasiones no se mantiene el proyecto logrado, y sobre todo no se logran otros, con lo que terminan perjudicando, por el ego personal, el interés colectivo.
Una cosa es el papel principal que asume y juega alguien en determinada actividad y cuyos méritos y aportes lo pueden situar en el centro, y otra es el interés que procura alguien en su “tendencia o afán de destacar y ser el centro de atención”, pues si se hace con ese propósito, sin duda que este resulta altamente negativo, incluso para él mismo, y es que en realidad los verdaderos protagonistas jamás andan en busca de protagonismo, sino que en tanto se desviven por lograr cosas, emergen como tales aun cuando no se lo hayan siquiera propuesto… obsérvese que incluso en el terreno artístico, por lo regular se busca a la persona para que haga el papel protagónico, no anda este ofreciéndose para hacerlo.
He visto con asombro y hasta con mucha pena a personas disputarse determinada iniciativa y en esa “lucha” trivial -acentuada hoy con la era digital- terminan matando la iniciativa misma o desviando la atención, hablándose en muchos casos más de la persona que del proyecto en sí mismo, como si en realidad lo importante fuera determinar quién es el protagonista, cuando lo que debe importar es que el proyecto cuaje y rinda sus frutos.
Pero es tal el daño que se causa con esa visión egocéntrica, ególatra y egoísta, a todas luces liliputiense y banal, que cuando esas personas que buscan ser vistos como protagonistas se sienten desplazadas o que no son asumidos como el centro de atención, procuran desalentar con descréditos inmerecidos a quienes verdaderamente se han entregado en cuerpo y alma, y si no pueden matar el proyecto, al menos procuran tirar lodo sobre el que ellos asumen como el protagonista, visión que es también errada, pues en todo proyecto colectivo el protagonista es y debe ser el proyecto mismo, no nadie en particular por más méritos que se puedan tener.
En esos que andan persiguiendo ser protagonistas podremos ver rasgos distintivos o características propias, como son la “necesidad de validación constante, comportamiento compulsivo y ansiedad subyacente”, lo que se explica en el hecho de que requerirán la admiración y atención continua de los demás para sentirse bien, porque esa necesidad de protagonismo “funciona como un mecanismo de defensa para sentirse seguro o valorado”.
En tanto estoy convencido de que quien procura protagonismo termina por lo regular alejándose del mismo o perdiendo legitimidad, lo ideal es que nos integremos e integremos a todos los que sean necesarios para lograr que los proyectos rindan sus frutos, y de lograrse, cada cual tendrá el sitial que le corresponde, y si no basta esta recomendación, no olvidemos aquella expresión anónima conforme a la cual “el verdadero protagonismo no se busca, se gana con acciones, no con palabras”.
El autor es ocoeño y egresado de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

